domingo, 28 de febrero de 2016

Lo que se esconde tras Conchi

De primeras, Conchi puede parecer un personaje tan simple y vulgar que no tiene ningún tipo de función en la novela. Nada más lejos de eso, Conchi es un personaje fundamental en ella.
Conchi en la película de Soldados de Salamina
Es un personaje plano, que siempre tiene la misma posición en la diferentes fases de la novela y de la evolución de Cercas. Aun y así, toma una posición importante en el desarrollo de la novela, y es que representa la parte humana del protagonista: las ganas de vivir, la felicidad y el ansia vital. Es la mitad que falta en el Cercas hundido del principio del relato.
De hecho, durante la lectura, no entiendes del todo cómo una persona como Conchi puede ser la pareja de un intelectual como es Javier Cercas. Las diferencias, de hecho, son lo que armonizan su relación. Son complementarios e imprescindibles el uno para el otro.
Esto culmina en el momento que Cercas tira la toalla con su relato real y es Conchi quien le da el coraje de acabarla. Le da el optimismo vital que hace ver la luz al final del túnel: el final del relato que lleva tanto tiempo elaborando. Es siempre el apoyo que tiene en la vida, como Sancho para el Quijote.

El héroe moderno

 A lo largo de la historia hemos encontrado infinitas versiones de héroes y los identificamos inconscientemente. En Soldados de Salamina también podemos encontrar héroes. En este caso este tipo de héroes no son ni extraordinarios ni tienen de su parte poderes sobrenaturales, y de hecho, son iguales a cada uno de nosotros.
Entonces, qué es lo que los diferencia de cada uno de nosotros? A priori nada. Es cuando se encuentran entre la espada y la pared cuando se salen de la normalidad y la actitud heroica  de estos hombres sale a relucir. En el libro podemos encontrar un diálogo con Bolaño donde los dos personajes (él y Javier Cercas) discuten una definición de lo que sería un héroe. Citando esta entrevista, Bolaño dice: "Yo creo que en el comportamiento de un héroe hay casi siempre algo ciego, irracional, instintivo, algo que está en su naturaleza y a lo que no puede escapar.", como decíamos, algo instintivo que viene ya en el ADN. La imagen gráfica que nos da después sobre el incendio nos ayuda a visualizar ese instinto natural. Esta actitud heroica es la que tiene Miralles en el relato cuando le perdona la vida a alguien que, por el simple hecho de ser persona, lo merecía. También lo es la de los "amigos del bosque" cuando acogen a Mazas y le protegen, aún sabiendo que era alguien que luchaba por una fuerza perjudicial para ellos, de hecho, contra la que luchaban.
Estas personas no tienen nada de distinto con cualquiera de nosotros, pero actúan como héroes en situaciones en que es necesario. Así, podemos considerar que la característica de héroe está en cada uno de nosotros y es algo que se hace inconscientemente, que va con cada uno de nosotros. También sería importante destacar el hecho de la minoria que saca a relucir este heroismo. Será porque solo pocos hacen caso ciegamente a los instintos o porque no se dan usualmente este tipo de situaciones extremas (o no las consideramos importantes)? Sin embargo, esa minoria, encima espontánea, es la que con pequeños gestos es capaz de cambiar el mundo. Somos nosotros los que decidimos, según nuestra ética, ser héroes o no en cada una de las épocas complicadas que podemos encontrarnos en la vida. Al final, es un pelotón el que salva la humanidad.

Contextualización: la Guerra Civil Española

El 18 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército español se levantaron en armas contra la República. Este acto significaba el fin del experimento democrático realizado en España desde abril de 1931. La caída de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y el descrédito de la Monarquía habían posibilitado la proclamación de la II República Española como panacea que pretendía sacar al país de su histórico atraso. Sin embargo, los años que van desde 1931 a 1936 se convirtieron en fiel reflejo de las contradicciones de la sociedad española. De un lado muchos pedían un cambio social y económico profundo que acabara definitivamente con el poder oligárquico en España. Del otro, ese mismo poder, apoyado por el Ejército y la Iglesia, luchaba por defender su posición privilegiada. Las elecciones de febrero de 1936 sólo sirvieron para dividir aún más a los españoles y tras el triunfo del Frente Popular la oligarquía ya solo tuvo fe en una acción salvadora del Ejército que librara a España de la anarquía y la revolución. Se daba paso así a la Guerra Civil Española.
Ambos bandos cometieron y se acusaron recíprocamente de la comisión de graves crímenes en el frente y en las retaguardias, como sacas de presos, paseos, desapariciones de personas o tribunales extrajudiciales. La dictadura de Franco investigó y condenó severamente los hechos delictivos cometidos en la zona republicana, llegando incluso a instruir una Causa General, todo ello con escasas garantías procesales. Por su parte, los delitos de los vencedores nunca fueron investigados ni enjuiciados, a pesar de que algunos historiadores y juristes sostienen que hubo un genocidio en el que, además de subvertir el orden institucional, se habría intentado exterminar a la oposición política.